Perspectivas futuras



Hace mucho tiempo pensaba que no llegaría a ocurrir, tenía claro, no sé porqué motivo, que yo me iría primero al otro mundo. Después, al agravarse la enfermedad, hubo que concienciarse. Muchas veces estaba desolado y sopesé que mi única alternativa, después de convivir con ella toda la vida, era indefectiblemente ordenarme sacerdote. Esa era mi tabla de salvación para esos duros momentos y, en verdad, aún lo sigo pensando.

Desde luego, ésta no puede erigirse en causa de tal determinación pues supone anteponer mi conveniencia a cualquier otra circunstancia de índole verdaderamente vocacional. Sin embargo este mismo argumento tampoco puede servir de excusa. El hedonismo rehuye el sacrificio. En definitiva, no sé si Dios espera eso de mi.

También es cierto, al respecto, que son muchas las incógnitas que el Señor ha ido despejando a su debido tiempo y por ello creo que lo mejor es seguir el consejo de San Ignacio y no hacer mudanza, si bien uno busca todo tipo de caminos para aliviar la situación, con certeza errados, como por ejemplo, tratar de ligar en el autobús. Estoy demasiado ocioso y debo emplear el tiempo con sentido, arguyo racionalmente.

Sin embargo una cruda realidad se ha impuesto y todo ha perdido su ser, el mismo trabajo que desempeño con gusto me parece anodino. Así, sigo pensando todavía en el seminario como una posibilidad real.

Me ha gustado siempre el estudio de algo novedoso y provisto de interés con una finalidad práctica en franca oposición a la reiteración continua de unas mismas materias con el objetivo de ganar un puesto de trabajo. Recuerdo que, de pequeño, jugaba a serlo (sacerdote), en solitario y con una mesa a modo de altar.También hubo un tiempo en que me causaba temor la posibilidad de hablar en público, el ser centro de todas las miradas, incluso en pequeñas reuniones(fobia social) pero con el desempeño laboral y otras dedicaciones auto descubrí en mi habilidades insospechadas.

No obstante el propósito ha tenido que ser pospuesto porque exige una condición que, por el momento, no se da. Por contra el horizonte laboral actual probablemente exija de nuevo aquel esfuerzo baldío. En enero, con el nuevo año, tendré que tomar una decisión sobre este tema.

También tuve, en otra época, hastiado, el deseo frecuente de abandonar mi dedicación y ocuparme de otras cosas si bien la economía familiar no lo permitía. Me atrae la austeridad pero no deja de causar inquietud la pérdida de ingresos que una decisión así comportaría. En realidad sería como hacer una atrayente vida retirada. Es este otro terreno inexplorado aunque estoy quizás, y también por ello, demasiado apegado a la sensualidad y falto de valentía.

Con todo, a mi edad, la verdadera dicha la encuentro estando con mis hijos.

Hasta aquí lo que me dice la razón si bien lo cierto es que, poco a poco va imperando, en estas soledades, en contradicción, una necesidad de relacionarme, un deseo sexual pero, sobre todo, busco afecto desesperadamente y, hacia esa finalidad, dirijo todos mis esfuerzos e ingenios. Parece que se impone mi hemisferio derecho.

Me encuentro muy solo, como digo, pero también dichoso a pesar de que anhele, seguramente de forma idealizada, otros estados. Al respecto me pareció acertada aquella definición de la felicidad que se concreta en "no ser feliz y en que no te importe" de forma y manera que podría, sin dificultad, ser aplicada a mi devenir.

En esta disyuntiva fluye mi vida. No me propongo objetivos ni alcanzar metas de forma prioritaria subordinando esfuerzos, simplemente procuro dejar transcurrir el tiempo, afanándome en la cotidianeidad y, en todo caso, lo que más me preocupa es hacer siempre la voluntad de Dios, es decir, seguir el camino que me conduce hacia el cielo, sendero intrincado y de difícil transitar.


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